Avatares, Bots, Ángeles e Identidad Electrónica

Se Pretende una exploración reflexiva de la Creación y desarrollo de una identidad electrónica a partir de las representaciones del Yo generados para estos ambientes, la temática es muy rica y variada, no se plantea agotar el INTERÉS, pero sí proponer puntos de vista para la discusión.En una de las tradiciones de la India, un avatar es la encarnación de una divinidad, su manifestación física en una realidad dada. En el contexto actual esta definición pierde buena parte de su contenido sacro y va a un punto más tecnológico, psicológico y terrenal. En la era en que vivimos un avatar es la designación de una representación de nuestra persona en un medio electrónico, sea esto una sala de chat, un celular, un foro de discusión, una lista de correo o cualquier otro ámbito.
En un inicio se tiene que considerar la existencia de los avatares estáticos que son simples imágenes que contienen elementos o rasgos que nos identifican en algún aspecto específico genérico, lo esencial es que como usuarios asumamos tal identidad entre mi yo corporal y el yo virtual. Pero gracias al avance de as tecnologías no tenemos que limitarnos a lo estático, se pasa entonces a considerar
los avatares animados, iniciando la presentación con los más sencillos en cuanto a su tecnología, que son las imágenes animadas, entre los que caben los archivos de extensión gif, algunas variantes de png o inclusive los tradicionales (en el ambiente Win) punteros animados de extensión ani.

Los avatares animados iniciales son en sí imágenes repetitiva no interactivas, son cíclicas y no reaccionan ante su medio, su representación del yo es un poco mas atractiva, pero aun es muy limitada, después de todo: Yo soy yo en función de la existencia de otro, este axioma no busca en su centro la negación de la otredad, sino su utilidad para construir nuestra identidad, descubrimos lo que somos al ver en otros lo que no somos, la diferenciación es una de las necesidades psicológicas que se delatan en el desarrollo de nuestra personalidad desde tempranas edades, puede ser detonante de crisis graves tal como la separación de la madre de un lactante al romperse el primer mundo en donde madre-yo era una unidad funcional única.

La interacción plantea la posibilidad de hacer que nuestra representación o avatar pueda responder a las condiciones emotivas y volitivas del medio en donde se desenvuelve, así, si se tiene un avatar basado en flash con una serie de líneas de comando que le permitan responder a mis acciones y a las de otros usuarios en el mismo canal de comunicación, se puede ver que al colocar la onomatopeya de una risa se ve al avatar reír, una cara feliz en un par de pulsaciones de teclado o un clic de ratón coloca un rostro radiante en mi avatar, así mi yo electrónico muestra a los otros una mejor representación de mi yo corporal.

La tecnología de los avatares animados e interactivos aún no es generalizada, pero tiene raíces desde los salones de conversación o chat basados en caricaturas. Un progreso a esperar es la masificación de este tipo de comunicaciones y su ampliación con banco de datos de respuesta preprogramadas por parte de sus usuarios, así si me dejan un mensaje en mi foro mi avatar puede reaccionar agradeciendo una sugerencia o cumplido, o colocando una cara de pocos amigos si me envían un blamer (ofensa seria y muy caliente).

La utilización de bancos de datos de respuestas lleva a plantear una personalidad o la habilidad de simular tener una que sea propia, en esto se tiene que considerar a los bots. En un inicio estas entidades electrónicas eran partes de códigos de ambientes simulados, por excelencia juegos, en donde desempeñaban funciones limitadas y específicas, normalmente eran los malos de turno que teníamos que
machacar o cargarnos hasta completar las misiones, según su grado y rango de respuestas se podían clasificar en simples soldados (carne de cañón, con el perdón del término) o jefes (Con mayor abanico de respuestas y cierta capacidad de interactuar con nuestras acciones para buscar eliminarnos).

Los Bots ganaron mejores terrenos al desarrollarse sistemas con cierta inteligencia artificial más avanzada, así podían servir de aliados o tender emboscadas a los jugadores, en lo personal, recuerdo un juego de arcade de dispara y mata a todo lo que se mueva en el que los enemigos si se disparaban entre si por accidente se enemistaban y se ponían a matarse, cuestión que yo propiciaba para ahorrarme las balas y evitarme heridas (era preferible que se mataran veinte entre ellos y luego yo me cargaba lo que quedaba a entrar como héroe a que me dieran todas las balas).

Con el advenimiento de los juegos de tercera dimensión los avatares fueron también desarrollándose, llegado un punto podían dar verdaderas sorpresas incluso a buenos jugadores con experiencia en un juego en concreto. Bien, recapitulando, un avatar es mi representación en un medio virtual, un bot es una entidad electrónica con personalidad (o más bien seudo-personalidad) propia, pero ¿que pasa cuando mezclo ambos? Aquí entra una entidad que para muchos es ciencia-ficción, se trata de un ángel.

Ángel, en este contexto, es la palabra que se usa para designar a una representación de un yo que se le dota de un cierto nivel de independencia en sus acciones, llegando a tener criterio y rango de decisiones muy amplio, la utilidad de estas creaciones es de variada índole, en ciertos casos son cancerberos excelentes y custodian las puertas de acceso a un sistema, son llamadas ángeles de fuego, en otras circunstancias y características pueden transmitir data por canales no muy regulares y saltándose defensas y protecciones, se les suele llamar ángeles de agua.

La clasificación de los ángeles es un tema aparte, en este caso lo que me interesa es plantear el problema de que estas criaturas electrónicas son una representación de su creador, pero no son estrictamente dependientes de la personalidad del mismo una vez creados. Un programador hábil puede crear ángeles y olvidarse de su existencia, siendo simplemente alertado cuando alguno de ellos
sea borrado o destruido, cuestión que señalaría un fallo o una agresión en curso, en uno y otro caso el ángel creado habría actuado sin consultar a su creador, pero cumpliendo con el propósito para el que fue creado, ya que dentro de su personalidad esa es la razón de su existencia.

Entre un reflejo del yo y otro, entre las multitudes de reflejos que puedo crear en un medio electrónico, queda abierta la pregunta de quien soy yo. Cada creación puede plantearse tal interrogante si su sistema es lo suficientemente fuerte para soportar tales procesos internos de data, pero me aterra un poco pensar como podría reflexionar un ángel salido de mis manos con respecto a sí mismo ¿qué
sería yo para tal ser? ¿Su padre? ¿Su Dios? ¿Su identidad seria suya o mía? ¿Sería yo su raíz profunda bajo el suelo y el mi flor en lo alto de mi creación? Cuesta trabajo plantearse este problema, pero resulta interesante.

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