Maternidad contemporánea en Caracas, una reflexión

En un inicio este texto se planteaba como una reflexión sobre la natalidad y el significado de la maternidad en Caracas para las mujeres de 15 a 25 años, siendo una aproximación indirecta no estructurada ni necesariamente planificada con antelación. La composición del conjunto sometido a observación se discriminó para abarcar solo las que catalogaran como parte de una familia popular urbana contemporánea.

Con tal introducción podría tenerse la equivocada idea de estar ante un estudio muy serio y convincente, nada más erróneo. El texto presente constituye sólo un producto de reflexión personal sin establecimiento de dialógicas que permitan verificar empíricamente la validez de los señalamientos, claro que tal cualidad no invalida necesariamente sus contenidos, ya que un planteamiento puramente teórico puede brindar un punto de vista particular que permita abordar la realidad, la cual tendrá luego la potestad de refutar o confirmar que lo dicho tenía sentido o no dentro de un contexto dado.

Entrando ya en el tema, la motivación de la reflexión se debe a una conversación establecida con un compañero de estudio hace ya varios años (hoy en día somos colegas profesionales), el problema que nos planteábamos era sobre la explosión de la natalidad y la reproducción indiscriminada de seres humanos en un medio ambiente de recursos siempre limitados. Se trataba del viejo problema Malthusiano que se mezclaba ocasionalmente con las teorías de la evolución de las especies y apuntaba a cierto darwinismo social en donde se justificaba la dominación de unos sobre otros y la existencia de conflictos bélicos y otras actividades genocidas.

En realidad, la practicidad de mi actual colega le llevó a decir como colofón de su argumentación que la elevada tasa de natalidad se debía al simple placer sexual. Si bien su salida me dejo un poco perplejo en un inicio, le refuté que estaba equiparando el acto sexual con la procreación, no siendo necesariamente así. Es claro que para la concepción por vías tradicionales se requiere del coito, pero este último puede darse sin necesidad de engendrar una nueva vida y en cualquier caso se podía realizar sin tal finalidad.

Ya puedo escuchar el reclamo de un amigo sacerdote, recordándome la postura de la Iglesia Católica al respecto y lo inmoral de buscar el placer carnal, puesto que la finalidad real debe ser la reproducción del milagro de la vida, la promulgación del estilo de vida acorde a las normas divinas, la constitución y fortalecimiento de la familia y otras variadas razones que realmente no tengo interés de discutirle.

Pero en realidad, las féminas que conocí en el transcurso de los años y que pueden considerarse dentro de un cierto grupo aparentemente similar en grandes rasgos, me llevaron a marcar tres tipos de reacciones ante la maternidad y la procreación, así como ante el sexo y el placer. Por una parte tengo a las que valoran el ser madre por encima de todo (su realización como mujer depende de ello), en segundo lugar están las que valoran la maternidad pero la controlan para cumplir con otros roles propios de sus vidas (profesionales, académicos, laborales y otros), finalmente se observa un tercer grupo que da muy poco valor a la maternidad como tal.

Aquellas que colocan el ser madre en la cúspide de su escala de valores son representantes de un cierto rasgo cultural que un viejo profesor comentaba como la matrifocalidad centralizada primaria exacerbada, con lo que según entiendo planteaba a la madre como eje central o pivote de toda la estructura familiar y por ende de la cultural de la sociedad venezolana, que en el caso de la ciudad de Caracas se dan ciertas variaciones, pero igualmente se considera que ser madre es el inicio de una familia propia, en donde la protagonista central es la madre y por encima de ella solo se idéntica la abuela (comúnmente la Madre de la Madre) como referencia de poder y experiencia.

Este primer grupo de mujeres sacrifican en pos de la maternidad muchas de sus posibilidades, pero la valoración social de la Madre en sus contextos les proporciona un refuerzo que les lleva a aceptar como correcta su elección. Claro que existe el problema de sobrepoblación y miseria, que recuerdo haber leído en un texto de Fundacredesa sobre el estudio de la población venezolana, era algo así como: Miseria que engendra miseria, pobreza que procrea nueva pobreza en un círculo vicioso e inhumano. Este lectura en su momento me deprimió un poco por sus perspectivas pesimistas y su aparente negación a las posibilidades de movilidad social de ascendencia, rasgo que en la cultura venezolana hemos presentado desde las guerras internas del siglo XIX en donde un “Juan bimba” (representación del populacho o persona pobre) se podía volver un General y por ende un Don o un Señor.

Retomando el libro de Fundacredesa, esta visión pesimista puede parecer cruel, pero también recuerdo a mi propia abuela comentando que era cruel traer vidas a este mundo cuando no se era capaz ni de mantener la propia. Ella nunca apoyó el aborto ni ninguna salida que considerase un escape cobarde o irresponsable, pero si creía que se debía tomar precauciones que dejaba al criterio de cada quien. Como católica ella sabía la postura de su iglesia en cuanto a los preservativos, pero era preferible un pecado carnal de buscar un placer egoísta y momentáneo que producir una consecuencia a largo plazo y el pecado de ser estupidamente irresponsable o cruelmente inconsecuente.

En una oportunidad una amiga de este grupo de madres por convencida vocación me dijo que se debía aceptar los hijos que mandara Dios, mi respuesta fue a caballo entre broma y reclamo, porque le dije que Dios también manda lluvia pero usamos paraguas, además que no era raro que Dios mandara algo cuando se le buscaba con tanto ahínco. Eso basto para enfriar nuestra amistad por un buen tiempo. No puedo culpar a esta dama, después de todo ser madre es lo que muestra ante la sociedad que es una mujer hecha y derecha, es el pináculo de su existencia y el cumplimiento de su rol social.

Considerando el segundo grupo de mujeres, se trata fundamentalmente de aquellas féminas que si bien provenían de grandes familias y valoraban positivamente la procreación, habían estado sometidas a un proceso educativo que involucro cierta aculturación por parte de un modelo familiar nuclear y de descendencia reducida. No juzgo que tal modelo sea bueno, pero no niego que para el contexto urbano pueda resultar una salida viable y que permita un mejor control de los recursos para la supervivencia de los grupos humanos.

La educación como sistema de aculturación y modelador de los patrones culturalmente aceptables es un complejo producto de interrelaciones entre los factores de poder que desean controlar la sociedad en todos sus aspectos y los sometidos a tales poderes que intentan subrepticiamente evadir los controles e introducir variaciones que les permita realizar sus propias metas sin enfrentamientos directos (aunque en algunos casos el choque de los bandos es inevitable por conflicto de interesas).

Un conjunto de la población desplazó su interés por el desarrollo de una gran familia a favor de metas relativas a la realización personal en los planos laborales y económicos. No es que antes estos valores no existieran, sino que la dinámica económica limitó la posibilidad de escogencia, había que sacrificar algo para lograr las metas, o se tenía mucha descendencia o se ascendía económica y laboralmente, era de esperarse que el proceso educativo influyera notablemente, tanto que incluso logró modificar la escala de valores de la familia venezolana del Siglo XX.

Cuando trato de abordar el tercer grupo de mujeres, entro en un problema un tanto peliagudo, verán, sucede que las que conozco de este tipo son feministas a ultranza y radicales en cuanto a su derecho reproductivo, para ellas la maternidad es un obstáculo claro y simple para el logro de sus metas personales. En cierta medida son la exacerbación de la individualidad y la cúspide de sus valores narcisistas les coloca tan alto que no pueden valorar a los demás seres vivos más que en función de sus propios fines.

A pesar de lo que parezca, no critico a esta clase de féminas, son en parte una respuesta a la dominación cultural ejercida en su contra y en buena medida con la complicidad de las Madres de generaciones anteriores. Cuando le pregunté a un amigo psicólogo me hablo de un poco del complejo de Electra, pero no estábamos seguros ya que esa princesa vengativa, si bien conspiro para castigar severamente a su madre con la muerte, lo hizo porque ella había asesinado a su padre, para nuestro caso podría pensarse en algo parecido. La mujer de este tercer grupo se niega a ser la madre tal como lo fueron sus antecesoras y asume en mucha medida el rol esperado del padre, es un tipo de fémina que si llega a la maternidad no lo hace al azar, planifica cuidadosamente que la carga del infante no interfiera con sus deseos, que si es un error no dejan de plantear la solución del aborto, de allí que no sea raro que sean parte en varios de mis ejemplos de frentes que postulan la despenalización de esta práctica clínica a favor de los derechos reproductivos.

Casi es cruel pero es el tipo de madre calculadora que llegado el caso no tiembla ante la posibilidad de usar a sus propios descendientes como instrumentos para el logro de sus metas. Tal postura ante la vida no tiene muy buena aceptación, incluso en un mundo competitivo y hostil, la imagen es valorada y la idea de que alguien sea despiadado y desmedidamente egocéntrica o ególatra les cierra puertas a tales mujeres, de allí que en algunos casos recurran a la maternidad para cubrir tales rasgos, pero se trata de un medio no de un fin. Esta descendencia puede ser un buen mercado futuro para terapeutas familiares, psicólogos y psiquiatras.

Los tres grupos de mujeres mencionados no marcan diferencias absolutas y es posible encontrar gradaciones inter-grupales, intra-grupales e inclusive personales (una misma mujer puede experimentar a lo largo de su vida situaciones que le lleven a ser parte de un grupo u otro, aunque los cambios drásticos no son frecuentes). Esta reflexión es solo un inicio, me gustaría lograr algunas respuestas a fin de poder conversar sobre el tema.

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