Sobre 1984 o lo que realmente es el Poder.

Revisaba por motivos personales la novela 1984 de Orwell (en una versión electrónica del 2000), en una ligera relectura encontré las ideas y definiciones del poder de parte de un personaje sin lugar a dudas siniestro, inteligente y aterrador. En la novela se plantea una distopía (visión negativa de un mundo futuro indeseable) con una sociedad policial en la que todo ser humano pasa a ser objeto del control absoluto del Partido, que equivale en buena medida a decir del Gobierno del Estado.
En un inicio la novela parece marcar la búsqueda de un hombre dentro de esa realidad de su propia liberación y del camino para encontrarse con sus iguales, hombres y mujeres que trabajan por la caída del sistema y la liberación del ser humano. El camino está lleno de vacíos, de trampas, de vigilancia constante de los aparatos de control del Gobierno e incluso de la amenaza de delación por parte de los vecinos y conocidos más cercanos.
Resulta un mundo horrible, pero al parecer las personas que existen dentro del mismo no encuentran ninguna alternativa, pues oponerse implica ser perseguido, torturado, reeducado, utilizado para propaganda y ejecutado cuando ya el espíritu ha sido completamente doblegado… es triste, pero me recuerda que algunas vez escuché que el ser humano es capaz de tolerar hasta lo intolerable si está convencido que las alternativas que tiene implican su muerte.
La descripción del Estado y su Gobierno parecen el paraíso de cualquier sistema represivo que ha existido en la historia de la humanidad, pero incluso acá hay movimientos subversivos que buscan derrocar lo establecido y enarbolan las ideas de Libertad, Justicia, Hermandad y Humanidad… Me parece bastante amarga la sensación que se presenta cuando vemos debajo de las apariencias y encontramos una horrible verdad, no solo tras la sociedad y el gobierno, sino también tras la misma resistencia.
Todo lo dicho me lleva a recordar que las primeras veces que leí este libro me impactó la definición de Poder como capacidad de crear realidades, de alterar toda la existencia y de desaparecer cualquier cosa que fuera necesario. Entre las Páginas 289 y 291 el personaje O’Brien da unas declaraciones realmente aterradoras, pero brillantes, en las que desnuda la naturaleza del poder y de aquellos que le sirven:

-Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizá lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme? (…)-Estás pensando -le dijo- que tengo la cara avejentada y cansada. Piensas que estoy hablando del poder y que ni siquiera puedo evitar la decrepitud de mi propio cuerpo. ¿No comprendes, Winston, que el individuo es sólo una célula? El cansancio de la célula supone el vigor del organismo. ¿Acaso te mueres al cortarte las uñas? (…) -Somos los sacerdotes del poder -dijo-. El poder es Dios. Pero ahora el poder es sólo una palabra en lo que a ti respecta. Y ya es hora de que tengas una idea de lo que el poder significa. Primero debes darte cuenta de que el poder es colectivo. El individuo sólo detenta poder en tanto deja de ser un individuo. Ya conoces la consigna del Partido: «La libertad es la esclavitud». ¿Se te ha ocurrido pensar que esta frase es reversible? Sí, la esclavitud es la libertad. El ser humano es derrotado siempre que está solo, siempre que es libre. Ha de ser así porque todo ser humano está condenado a morir irremisiblemente y la muerte es el mayor de todos los fracasos; pero si el hombre logra someterse plenamente, si puede escapar de su propia identidad, si es capaz de fundirse con el Partido de modo que él es el Partido, entonces será todopoderoso e inmortal. Lo segundo de que tienes que darte cuenta es que el poder es poder sobre seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre el espíritu. El poder sobre la materia…, la realidad externa, como tú la llamarías…, carece de importancia. Nuestro control sobre la materia es, desde luego, absoluto. (…) -Controlarnos la materia porque controlamos la mente. La realidad está dentro del cráneo. Irás aprendiéndolo poco a poco, Winston. No hay nada que no podamos conseguir: la invisibilidad, la levitación… absolutamente todo. Si quisiera, podría flotar ahora sobre el suelo como una pompa de jabón. No lo deseo porque el Partido no lo desea. Debes librarte de esas ideas decimonónicas sobre las leyes de la Naturaleza. Somos nosotros quienes dictamos las leyes de la Naturaleza.

Pudiera parecer extremista la declaración de poder suspender las Leyes de la Naturaleza, pero luego caigo en el problema de la construcción de la realidad por acuerdo de percepciones entre los sujetos y tengo que darle la razón al personaje, lo que es realidad para las personas es solo lo que perciben y asumen como tal, aquello que procesan, todo lo demás deja de existir en sus mentes aunque en la realidad material sigan estado allí. Llevando esta idea más allá, se puede hacer pasar por aceptable no inaceptable si se logra que la gente lo crea, lo que históricamente ha resultado terriblemente cierto.

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